ENFERMEDAD DE ALZHEIMER - Síntomas, Causas y Tratamiento

ENFERMEDAD DE ALZHEIMER - Síntomas, Causas y Tratamiento

El mal de Alzheimer, también conocido como enfermedad de Alzheimer, es una enfermedad degenerativa y progresiva que provoca atrofia del cerebro, llevando a la demencia en pacientes ancianos.

Sabemos que el mal de Alzheimer ataca preferentemente a los pacientes ancianos, por encima de los 65 años, sin embargo, sus causas aún no se han aclarado. Actualmente, se admite que existe una asociación entre propensión genética y exposición a factores ambientales aún no reconocidos.

En este artículo vamos a abordar los siguientes puntos sobre la enfermedad de Alzheimer:

  • Lo que la enfermedad de Alzheimer.
  • Factores de riesgo.
  • Síntomas.
  • Pronóstico.
  • Diagnóstico.
  • Tratamientos disponibles.

¿Qué es la enfermedad de Alzheimer?

El mal de Alzheimer es una enfermedad de lenta y progresiva evolución, que destruye las funciones mentales importantes, llevando al paciente a la demencia, un término usado para indicar que el individuo perdió sus capacidades de raciocinio, juicio y memoria, tornándose dependiente de apoyo en sus actividades diarias. El mal de Alzheimer es la causa más común de demencia, siendo responsable de más del 60% de los casos.

En la enfermedad de Alzheimer, las neuronas y sus conexiones se degeneran y mueren, causando atrofia cerebral y declinación global en la función mental.

A pesar de que ya hemos reconocido diversos factores de riesgo, la causa exacta del mal de Alzheimer sigue siendo un misterio. Se cree que la acumulación en las neuronas de una proteína llamada beta amiloide y de otra llamada tau sea el factor responsable por el desencadenamiento de la enfermedad. El porqué de estas sustancias se acumulan en unas personas y no en otras todavía necesita ser elucidado.

Como no hay cura para la enfermedad de Alzheimer, el diagnóstico precoz es importante para tratar de preservar al máximo las capacidades intelectuales y prolongar la calidad de vida del paciente y de sus cuidadores.

Factores de riesgo para el mal de Alzheimer

El mayor factor de riesgo para el mal de Alzheimer es la edad avanzada. Después de los 65 años, la posibilidad de desarrollar Alzheimer dobla cada cinco años, haciendo que el 40% de las personas mayores de 85 años tengan la enfermedad. Raramente, el mal de Alzheimer surge antes de los 60 años de edad.

Curiosamente, los pacientes que llegaron a los 90 años sin signos de la enfermedad presentan bajo riesgo de desarrollarla posteriormente.

Además de la edad, otro factor de riesgo importante es la historia familiar. Las personas con familiares de primer grado con Alzheimer presentan mayor riesgo de tenerlo, evidenciando un papel importante de la carga genética.

El mal de Alzheimer es 2 veces más común en los negros que en los blancos; también es más común en las mujeres que en los hombres.

Algunos otros factores también parecen aumentar los riesgos de desarrollo del Alzheimer, entre ellos:

  • estilo de vida sedentario.
  • Fumar.
  • Hipertención arterial.
  • Colesterol elevado.
  • Diabetes mellitus.
  • Depresión después de los 50 años de edad.

De forma opuesta, algunos factores relacionados con la estimulación del cerebro parecen reducir el riesgo del desarrollo del Alzheimer, tales como:

  • Grado de escolaridad elevada.
  • Trabajos que son intelectualmente estimulantes.
  • Lectura frecuente.
  • Tocar instrumentos musicales.
  • Interacción social frecuente.

Síntomas del mal de Alzheimer

Como la enfermedad de Alzheimer es la principal causa de demencia en el mundo, y la demencia es la principal característica clínica de la enfermedad de Alzheimer, vale la pena pasar algunas líneas explicando el concepto de demencia.

La demencia es un síndrome, es decir, un conjunto de signos y síntomas relacionados con el deterioro de las capacidades intelectuales del paciente. Además de la enfermedad de Alzheimer, también es común la ocurrencia de demencia en pacientes con múltiples AVC, enfermedad de Parkinson, alcoholismo crónico, traumas craneos, deficiencia de vitaminas, hipotiroidismo grave, tumor cerebral y algunas otras enfermedades neurológicas.

El síndrome demencial presenta tres características básicas:

  • Cambios de memoria.
  • Alteraciones de la capacidad intelectual, incluyendo dificultades con el razonamiento lógico, lenguaje, escritura, organización del pensamiento, interpretaciones de los estímulos visuales, planificar y realizar tareas complejas, etc.
  • Alteraciones de comportamiento, como pérdida de la inhibición, agitación y alucinaciones, etc.

La demencia es un síndrome de instalación lenta y progresiva, que a menudo pasa desapercibido en etapas iniciales. Es común el paciente de edad avanzada con demencia en fases tempranas tener sus alteraciones tratadas como "cosas normales de la edad".

Es importante señalar que pequeños olvidos son comunes y ocurren con todas las personas, principalmente en períodos de mayor estrés o cansancio. Sin embargo, cuando los lapsos de memoria empiezan a ocurrir con frecuencia y son importantes, como olvidar la propia dirección, salir de casa y perderse, olvidar nombres de personas familiares, etc., debemos encender una señal de alerta. Si junto con la pérdida frecuente y progresiva de memoria para hechos recientes, el anciano también presenta alteraciones del comportamiento social, como apatía y tendencia a aislarse, además de períodos de confusión, como guardar sal en la nevera o las llaves de casa en el armario de los alimentos, la demencia debe ser una hipótesis a considerar.

El olvido de la demencia es diferente del olvido común del día a día. Una persona puede olvidarse de una reunión programada, pero cuando alguien le avisa, ella se acuerda de haberla marcado. El paciente con Alzheimer olvida la reunión y ni siquiera se acuerda de haberla alguna vez marcada, aunque la vea escrita con su letra en una agenda.

En las fases iniciales de la enfermedad de Alzheimer, el propio paciente no puede reconocer estos déficits neurológicos, arreglando siempre una excusa para justificar estas fallas. Como el paciente no se da cuenta de la enfermedad, muchas veces los familiares también tardan en valorar las alteraciones. Conforme la demencia avanza, la familia comienza a notar que los signos y síntomas empiezan a quedar muy evidentes y ya no encajan en lo que la gente considera natural para la edad.

Los pacientes con enfermedad de Alzheimer en fases más avanzadas pueden presentar apatía, depresión o agresividad, lee cosas y no puede interpretarlas, es incapaz de hacer cálculos, no puede nombrar objetos y no reconoce a las personas familiares. Con el tiempo, pasa a ser incapaz de realizar tareas básicas, como vestir y bañarse. El paciente se vuelve desorientado en el tiempo y en el espacio, no sabiendo indicar la fecha actual ni identificar geográficamente donde se encuentra.

Pérdida de las inhibiciones es otro síntoma común del Alzheimer. El paciente puede mostrar sus genitales en público, acusar a personas de robar sus objetos, hablar palabro o obscenidades indiscriminadamente, o insultar a los demás sin motivo aparente.

Incontinencia urinaria y / o fecal también pueden surgir en fases avanzadas.

Explicamos los síntomas de la enfermedad de Alzheimer con más detalles en el siguiente artículo: 10 SÍNTOMAS TIPICAS DE LA ENFERMEDAD DE ALZHEIMER.

Pronóstico del mal de Alzheimer

La enfermedad de Alzheimer es una enfermedad que inexorablemente progresa. Hay casos de Alzheimer por más de dos décadas y casos de pacientes con rápida evolución en apenas dos o tres años.

Muchas veces es difícil establecer retrospectivamente una fecha para el inicio de los síntomas, lo que obstaculiza a la hora de evaluar el tiempo de progresión de la enfermedad. Se sabe, sin embargo, que una vez establecido el diagnóstico del mal de Alzheimer, la expectativa de vida del paciente suele ser alrededor de tres a ocho años.

Lo que lleva al paciente al óbito no es la enfermedad en sí, sino sus complicaciones, como accidentes y caídas con traumatismos craneos, dificultad en tragar, que lo ocasiona broncoaspiración y desnutrición, y restricción al lecho, que favorece el surgimiento de infecciones y escaras. La neumonía y la infección urinaria suelen ser los principales tipos de infección del paciente con Alzheimer.

Cuanto mayor son los cuidados prestados por la familia, muchas veces con auxilio de enfermería y fisioterapia, mayor suele ser la calidad y el tiempo de supervivencia de estos pacientes.

Diagnóstico del mal de Alzheimer

El diagnóstico definitivo de la enfermedad de Alzheimer se realiza con biopsia del tejido cerebral, lo que, por razones obvias, es raramente realizado en la práctica clínica. En más del 90% de los casos, el diagnóstico se basa en datos clínicos; los análisis de sangre y los exámenes de imágenes ayudan a descartar otras causas de demencia, pero no establecen el diagnóstico de enfermedad de Alzheimer. De la misma forma, exámenes de imagen, como la resonancia magnética o la tomografía computarizada del cráneo tampoco ayudan a cerrar el diagnóstico.

Existen pruebas simples para documentar y acompañar alteraciones de la capacidad mental de los pacientes. El más famoso y utilizado es el mini-mental, que es un cuestionario de 30 preguntas agrupadas en 10 secciones, en la cual se evalúan las siguientes características:

  • Orientación espacio-temporal (capacidad de reconocer dónde está y en qué fecha estamos).
  • Capacidad de atención, concentración y memoria.
  • Capacidad de abstracción y realización de cálculos simples.
  • Lenguaje y percepción visual-espacial.
  • Capacidad de seguir instrucciones básicas.

Son criterios para el diagnóstico clínico del mal de Alzheimer:

  • Demencia comprobada por el examen clínico y las pruebas estandarizadas, como el mini-mental.
  • Déficit en dos o más áreas cognitivas (memoria, lenguaje, raciocinio, concentración, juicio, pensamiento, etc.).
  • Pérdida progresiva de los déficit cognitivos.
  • Inicio después de 40 años y antes de los 90 años.
  • Ausencia de otra enfermedad neurológica o sistémica que cause déficits cognitivos.

Los criterios anteriores logran identificar correctamente la enfermedad de Alzheimer en hasta el 90% de los casos.

Biomarcadores para la enfermedad de Alzheimer

Recientemente se han descubierto algunos biomarcadores que indican la acumulación de proteína beta-amiloide y de la proteína tau en el sistema nervioso de los pacientes con Alzheimer. Estos marcadores pueden ser identificados mediante el examen del líquido cefalorraquídeo o por un examen de imagen llamado PET (Tomografía por Emisión de Positrones).

Los biomarcadores todavía están en fase de estudio y por sí solos no sirven para establecer el diagnóstico. Su presencia en pacientes con cuadro clínico sugestivo de Alzheimer, sin embargo, es otro factor que habla a favor del diagnóstico.

Tratamiento del mal de Alzheimer

a. Cuidados básicos

Una cuestión importante para familiares o cuidadores de pacientes con Alzheimer es mantenerlo alejado de actos y situaciones inseguras. Como muchas personas con demencia no perciben que su funcionamiento mental está afectado, tratan de mantener sus rutinas diarias. Las situaciones triviales para la mayoría de nosotros pueden ser muy peligrosas para los pacientes con mal de Alzheimer, por ejemplo, conducir automóviles, cocinar, caminar solo por la calle o ir a la playa solo.

Las caídas son muy comunes, por lo que la casa debe prepararse para no crear "trampas" para el paciente, como hilos por el suelo, irregularidades en el piso, piso resbaladizo, exceso de muebles por el camino, etc.

El cigarrillo y el alcohol deben evitarse. Las actividades físicas supervisadas deben ser alentadas.

b. Remedios para el mal de Alzheimer

Aunque el conocimiento sobre la enfermedad de Alzheimer está evolucionando rápidamente, no hay actualmente cura para el mal. Sin embargo, hay algunos medicamentos que pueden ayudar a aliviar algunos de los síntomas de la enfermedad de Alzheimer.

Medicamentos como Donepezila, Rivastigmina y Galantamina son llamados inhibidores de la colinesterasa y funcionan al aumentar los niveles de un neurotransmisor llamado acetilcolina, que ayuda en la comunicación entre las neuronas. Desafortunadamente, no todos los pacientes presentan alguna mejora con estos medicamentos.

La memantina es un medicamento diferente de los inhibidores de la colinesterasa. Esta droga y más eficaz y puede proteger el cerebro de los daños causados ​​por el Alzheimer, retardando la progresión de los síntomas de la enfermedad. A veces se utiliza en combinación con un inhibidor de la colinesterasa para optimizar sus efectos.

Es importante tener expectativas realistas sobre los beneficios potenciales de estos medicamentos. Ninguno de estos remedios cura la enfermedad de Alzheimer o impide definitivamente su avance. Cuando los medicamentos funcionan, su gran mérito es conseguir retrasar el curso de la enfermedad, prolongando la calidad de vida y las capacidades cognitivas del paciente. Sin embargo, tarde o temprano, la enfermedad causará demencia grave al paciente.


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