BEXIGA HIPERATIVA - Causas, Síntomas y Tratamiento

BEXIGA HIPERATIVA - Causas, Síntomas y Tratamiento

La vejiga hiperactiva es un problema poco conocido, pero extremadamente común. Se estima que alrededor del 15 al 20% de la población sufre de este trastorno, que es provocado por una reducción de la capacidad de la vejiga de almacenar la orina.

La vejiga hiperactiva es un síndrome que se caracteriza por los siguientes síntomas: urgencia urinaria, que puede venir acompañada o no de incontinencia urinaria, aumento de la frecuencia de las micciones a lo largo del día y necesidad de levantarse por la noche para orinar varias veces.

En caso de no tratarse adecuadamente, la vejiga hiperactiva puede provocar una gran reducción de la calidad de vida del paciente, principalmente en aquellos que no logran tener una continua noche de sueño.

En este artículo vamos a explicar lo que a la vejiga hiperactiva, cuáles son sus principales síntomas, cómo se llega al diagnóstico y cuáles son las opciones de tratamiento más utilizadas en el momento.

¿Qué es la vejiga hiperactiva?

Para que podamos entender lo que es la vejiga hiperactiva, necesitamos antes conocer cómo funciona el proceso de llenado y vaciamiento de la vejiga. Utilice la ilustración siguiente para seguir las explicaciones.

La vejiga es básicamente un órgano hueco revestido por una capa muscular llamada músculo detrusor. Este músculo es inervado y controlado por fibras nerviosas que vienen de la médula espinal. El músculo detrusor se relaja para acomodar la orina en los momentos en que la vejiga está llenando, y se contrae, para expulsar la orina, cuando la vejiga está llena.

El normal llenado y vaciado de la vejiga es el resultado de una coordinación compleja entre las señales de los ancianos y el sistema nervioso central (SNC), y la contracción o relajación del músculo detrusor, de los músculos del piso pélvico y del esfínter externo. Vamos a explicar mejor.

Cuando la vejiga está en proceso de llenado, el sistema nervioso central envía señales para que el músculo detrusor se relaje y permita acomodar la orina sin que haya un importante aumento de presión dentro de la vejiga. Una vejiga normal puede acomodar fácilmente alrededor de 500 a 600 ml de orina. Sin embargo, alrededor de los 350-400 ml, el aumento de la presión en las paredes de la vejiga estimula el envío de señales para que el sistema nervioso reconozca un aumento de volumen urinario y desencadene la voluntad de orinar.

En este momento, usted siente ganas de orinar, pero, si lo desea, puede sostener la orina por más tiempo gracias a nuestra capacidad de contraer los músculos del piso pélvico y del esfínter externo, lo que cierra el paso de la orina hacia la uretra. El acto de orinar, por lo tanto, es una acción voluntaria, que, respetando algunos límites, sólo ocurre cuando nosotros decidimos.

En el momento en que creemos conveniente orinar, el detrusor se contrae y los músculos del piso pélvico y del esfínter externo se relajan, permitiendo que la orina sea empujada hacia la uretra.

La vejiga hiperactiva es un problema que surge por mal funcionamiento del músculo detrusor, que no se relaja adecuadamente durante la fase de llenado de la vejiga. La falta de relajación de la vejiga hace que la presión interna aumente incluso con pequeños volúmenes de orina, lo que, en la práctica, significa la activación de la voluntad de orinar con frecuencia mucho mayor de lo normal.

Muchas veces, el detrusor no sólo no se relaja, como comienza a contraerse de forma involuntaria, intentando expulsar la orina presente dentro de la vejiga. El resultado de esta contracción involuntaria es lo que llamamos urgencia urinaria, que es una súbita y urgente necesidad de orinar.

Causas de la vejiga hiperactiva

El cuadro de vejiga hiperactiva es un problema de origen neuromuscular, en el cual el músculo detrusor se contrae inadecuadamente durante la fase de llenado de la vejiga. Estas contracciones se producen con frecuencia e independientemente de la cantidad de orina almacenada en la vejiga.

Entre los problemas que pueden desencadenar la hiperactividad del músculo detrusor podemos citar:

  • Lesiones traumáticas de médula espinal.
  • Heridas de disco.
  • AVC.
  • Esclerosis múltiple.
  • Enfermedad de Parkinson.
  • Demencias, como el mal de Alzheimer.
  • Diabetes mellitus.
  • Insuficiencia cardíaca.
  • Infección urinaria.
  • Hiperplasia benigna de la próstata.
  • Cálculos en la vejiga.

La vejiga hiperactiva puede también surgir sin que haya un factor desencadenante claro, siendo clasificada, en estos casos, como vejiga hiperactiva idiopática.

La edad avanzada es uno de los principales factores de riesgo para un cuadro de hiperactividad del músculo detrusor, tanto en los hombres como en las mujeres. Los pacientes con cuadros de depresión, obesidad, artritis, enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC), constipación intestinal, inmovilidad prolongada, cirugía previa de la vejiga o histerectomía (retirada quirúrgica del útero) también tienen un mayor riesgo.

Algunas clases de medicamentos pueden estar asociadas a un cuadro de hiperactividad de la vejiga. Son: bloqueadores o agonistas alfa adrenérgicos, antidepresivos, antipsicóticos, agonistas beta-adrenérgicos, bloqueadores de los canales de calcio, diuréticos y sedantes.

Síntomas de la vejiga hiperactiva

El síntoma más típico de la vejiga hiperactiva es la urgencia urinaria, que es la voluntad repentina e incontrolable de orinar. Cuando el paciente presenta urgencia urinaria, necesita ir al baño rápidamente, ya que no es capaz de sostener la orina durante mucho tiempo. Por lo tanto, las pérdidas eventuales de orina en la ropa pueden ocurrir en algunos pacientes, principalmente en aquellos con movilidad afectada.

La urgencia urinaria puede surgir incluso cuando la vejiga no está completamente llena, ya que es el resultado de una contracción precoz e inapropiada del músculo detrusor.

Una forma de diferenciar la vejiga hiperactiva de la incontinencia urinaria de esfuerzo es a través de la cantidad de orina que se pierde de forma involuntaria. En la incontinencia urinaria de esfuerzo, el paciente pierde pequeñas cantidades de orina cuando hace algún esfuerzo que ejerza presión en la barriga, tales como toser, evacuar, saltar, estornudar o correr. En estos casos, no hay la sensación de urgencia, el paciente simplemente pierde un poco de orina de forma involuntaria. En la vejiga hiperactiva, la cantidad de orina perdida es grande y está relacionada con una sensación de urgencia, que no tiene que ver necesariamente con algún esfuerzo que haya hecho. El paciente pierde orina porque no aguanta sujetar la intensa y súbita voluntad de orinar (lea: INCONTINENCIA URINARIA - Tipos y Factores de Riesgo).

Otro síntoma típico de la vejiga hiperactiva es el pequeño intervalo de tiempo entre las micciones. Como el detrusor comienza a contraerse antes de que la vejiga esté llena, el paciente acaba necesitando ir al baño con mucha frecuencia, generalmente más de 8 veces al día.

La voluntad frecuente de orinar durante la noche, llamada nicturia, es otra consecuencia de esta hiperactividad del detrusor. Este es uno de los síntomas que más causan disturbios en la calidad de vida del paciente, pues provoca una reiterada interrupción del sueño.

A diferencia de la infección urinaria, la vejiga hiperactiva no suele causar dolor durante la micción (lea: DOLOR AL URINAR - Principales Causas).

Diagnóstico de la vejiga hiperactiva

El diagnóstico de la vejiga hiperactiva suele hacerse a través de una cuidadosa evaluación de la histórica clínica del paciente y del examen físico. Un análisis simple de orina para descartar infección urinaria también suele ser hecho (lea: EXAME DE URINA - Leucocitos, Nitritos, Hemoglobina ...).

La prueba de urodinámica, que es un examen hecho para evaluar lo bien que el sistema urinario puede almacenar y eliminar la orina, puede ayudar en el diagnóstico de los casos más complejos.

Tratamiento de la vejiga hiperactiva

El tratamiento de la vejiga hiperactiva se divide en 3 modalidades: 1. terapia conductual, 2. medicamentos y 3. cirugía. La elección del modo más adecuado de tratamiento para cada paciente depende de la intensidad de sus síntomas y de cuánto el cuadro interfiere en su calidad de vida.

La combinación entre medicamentos y terapia conductual suele ser eficaz en la mayoría de los casos, quedando la cirugía restringida a los pocos casos más difíciles de ser controlados.

Vamos a hablar brevemente sobre cada una de las tres modalidades de tratamiento:

1- Terapia conductual

La terapia conductual, según su propio nombre sugiere, pretende enseñar al paciente a tener comportamientos en relación a sus síntomas y al ambiente que ayudan a mejorar el control de la vejiga.

Eliminar de la dieta alimentos que pueden estimular el músculo detrusor suele ser eficaz en algunos casos. Entre las sustancias que deben ser evitadas, podemos citar: cafeína, alcohol, alimentos picantes, nueces, chocolate, alimentos ricos en potasio y refrescos. El paciente debe ser aconsejado a retirar de la dieta un alimento a la vez, para que él pueda hacer evaluaciones individuales sobre lo que causa mejora y lo que no hace diferencia.

Un factor importante es orientar al paciente a no hacer gran restricción del consumo de agua. Como la frecuencia de orinar es un trastorno en la vida del paciente, la tendencia de la mayoría de las personas afectadas y reducir el consumo de líquidos para que la voluntad de orinar sea menos frecuente. Sin embargo, este comportamiento puede tener un efecto contrario, ya que una orina concentrada puede actuar como un factor de irritación para la vejiga.

Quien fuma debe dejar de fumar y las personas con sobrepeso u obesidad deben adelgazarse.

El médico urologista suele indicar entrenamientos para la vejiga, que, si están bien hechos, suelen ser eficaces en hasta el 75% de los casos. Uno de los métodos utilizados consiste en pedir al paciente que orine a intervalos definidos, como por ejemplo, cada 30 o 60 minutos. Conforme el paciente se siente cómodo con el intervalo, debe progresivamente aumentar el intervalo en 30 minutos, hasta que sea capaz de orinar sólo cada 3-4 horas, lo que puede tardar meses hasta que suceda.

Otro tratamiento muy utilizado son los ejercicios para fortalecer la musculatura del piso pélvico, llamados ejercicios de Kegel. Estos ejercicios ayudan al paciente a conseguir sujetar la orina por más tiempo. Se deben realizar entre 30 y 80 veces al día durante al menos 8 semanas. Su tasa de éxito es de 55 a 75%.

2- Medicamentos

Una clase de medicamentos llamada agentes anticolinérgicos es actualmente el tratamiento farmacológico de primera línea para el tratamiento de la vejiga hiperactiva.

Entre las opciones más usadas están:

  • Oxibutinina (Retemic®).
  • Tolterodina (Detrusitol®).
  • Solifenacina (Vesicare®).
  • Darifenacina (Enablex®).

En los casos más graves, la inyección intravesical (dentro de la vejiga) de toxina botulínica (botox) es una opción posible (lea: BOTOX - Uso Cosmético y Terapéutico).

3- Cirugía

El tratamiento quirúrgico de la vejiga hiperactiva suele ser reservado para las personas con síntomas graves y que no responden a las otras formas de tratamiento. Son dos las opciones:

  • Cirugía para aumentar la capacidad de la vejiga, utilizando segmentos del intestino.
  • Eliminación quirúrgica de la vejiga.


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